domingo, 23 de octubre de 2016
sábado, 22 de octubre de 2016
1. La andragogía
Etimológicamente andragogía hace referencia a antropos (hombre)
por contraposición a la pedagogía que hace referencia al paidos (niño).
La
andragogía adquirió un gran desarrollo hasta los años sesenta pero, después, su
excesiva independencia respecto a las teorías generales del aprendizaje y sobre todo su
contraposición sistemática a la pedagogía la precipitaron en un aislamiento que
la hizo menos fecunda de lo esperado. Sin embargo, aunque la palabra como tal
haya caído en desuso, las aportaciones de todo el movimiento andragógico a la
educación de personas adultas han tenido y siguen teniendo una gran trascendencia.
La
andragogía se definió, en sus orígenes, como una pedagogía invertida.
La práctica andragógica era concebida como el reverso de la práctica
pedagógica. Hacía referencia permanente a las características de la pedagogía,
como teoría y práctica educativa infantil, pero para negarlas en la
andragogía como teoría y práctica educativa con personas adultas.
La
investigación sobre el aprendizaje adulto se dividió en
los años veinte en dos grandes corrientes: la científica y la humanista. .
La
corriente científica estuvo dirigida por Thondike,
que publicó en 1928 Adult Learning y en 1935 Adul
Interests. A esta corriente pertenece también Herbert Sorenson,
que publicó en 1938 Adult Abilies.
La
corriente humanista más utópica, denominada también artística,
estuvo liderada por Lindeman, quien publica en 1926 The
Meaning of Adult Education, en la que establece una serie de principios
metodológicos sobre la educación de adultos.
viernes, 21 de octubre de 2016
1.1 Principios
- Los adultos se
motivan en torno a necesidades y centros de interés
- El modo de aprendizaje adulto está centrado
sobre la realidad por lo que la educación se ha de
construir no sobre temas sino sobre situaciones.
- La experiencia es
el factor más grande de aprendizaje, analizar la
experiencia y construir con ella el aprendizaje es fundamental.
- Los adultos
aspiran a autodeterminarse, por lo tanto las relaciones a establecer en el
proceso han de ser comunicativas y bidireccionales.
- Las diferencias de
personalidad se agrandan con la edad, por consiguiente hay que diferenciar
los estilos, duración, ritmos de aprendizaje.
El aprendizaje
adulto está centrado sobre la realidad y la experiencia es un factor clave
Los
principios de la andragogía propuestos por Knowles que se encuentran en su libro El
Estudio Autodirigido (Knowles,
1982) se basan en las distintas posibilidades y recursos que un niño y un adulto tienen para dirigir sus
aprendizajes.
jueves, 20 de octubre de 2016
1.2 Características
Desde la perspectiva de la
andragogía son muchas las características
que diferencian a los adultos de los jóvenes, pero entre las más
importantes podemos destacar las siguientes:
La necesidad de saber. Los adultos tienen necesidad y
quieren saber por qué han de aprender una cosa antes de emprender un proceso de
formación. Un primer paso por lo tanto es la necesaria toma de conciencia que
un adulto exige sobre la utilidad, pragmática o poética, de lo que va a
aprender. En este sentido a un adulto ya no le vale el ir a estudiar
porque le toca por edad. Él va libremente y quiere saber dónde se mete y para
qué.
El autoconcepto del adulto es distinto del adolescente. Los
adultos se consideran responsables de sus propias decisiones en la vida.
Tienen, por lo tanto, una profunda necesidad psicológica de ser tratados por
los otros como personas capaces de autodirigirse en la vida. Las relaciones que
se han de establecer con las otras personas que intervienen en su aprendizaje
han de respetar unas mínimas reglas democráticas y comunicativas que rompan las
tradicionales dinámicas de dependencia o de imposición del maestro.
La compleja intervención de la experiencia en el aprendizaje adulto. Aprender de
la experiencia. Los adultos no solamente tienen más experiencia de vida que los
adolescentes, sino que tienen también una experiencia de vida diferente.
Experiencias como la del trabajo a tiempo completo, la del matrimonio, la del
voto, la de alguna responsabilidad ciudadana... no se han tenido de
adolescente. ¿Qué hacer con tanta experiencia de vida y cómo integrarla en la
construcción de nuevos aprendizajes? Los adultos quieren construir su futuro
con su pasado, con su experiencia y no solamente con el saber académico que
obtuvieron antes sino sobre todo con el saber que les dio la vida. Muchas veces la primera riqueza de aprendizaje
está entre ellos mismos, que necesitan ponerla en común, estructurarla,
completarla, terminarla de comprender. En este sentido, es verdad que el pasado
agiliza y acelera el aprendizaje porque lo integra en una dinámica de sentido
para el interesado, pero otras veces lo puede frenar porque suele resistirse al
cambio y a la integración de nuevas informaciones.
Aprender contra la experiencia o desaprender. Para ciertos
autores los conocimientos populares son conocimientos a desmontar si se quiere
tener un conocimiento científico de la realidad. En este sentido, el saber
popular es una rémora y un obstáculo y obliga a que el adulto con saber popular
dé un salto epistemológico. Una ruptura epistemológica, en términos de Bachelard, es la que se tiene que
producir entre el saber popular y el
saber científico. Migne, Roqueplo y Lesne, defienden la teoría de que el
conocimiento anterior es un obstáculo y establecen la necesidad de una
pedagogía de la refutación o de la rectificación. Hay que aprender contra y no
con las representaciones adquiridas en la experiencia.
Aprender transformando la experiencia. En los años setenta
comienzan nuevas investigaciones que revalorizan la experiencia de los
aprendices. Autores como Giordan y De Vecchi elaboran una teoría intermedia
entre la pedagogía de las representaciones, que defiende el aprendizaje adulto
a partir/y con los conocimientos
adquiridos en la experiencia y la denominada pedagogía de la refutación que
defiende lo contrario, el aprendizaje científico contra las representaciones
populares. No se puede refutar directamente un saber anterior, muy resistente a
cualquier argumentación por muy elaborada que esté, porque ese saber popular
anterior está muy conectado con una estructura coherente más amplia, el
pensamiento del adulto, que tiene su lógica y su sistema de significaciones
propias. Solamente a través de una confrontación dialéctica entre distintas
visiones, un determinado saber puede ser rectificado. En esta perspectiva sólo
puede haber aprendizaje si se establece una relación dialéctica con los saberes
anteriores y contra los saberes anteriores. En este caso no se trata de
sustituir los conocimientos populares por conocimientos científicos como
pretendería la pedagogía de la refutación o de legitimar automáticamente los
conocimientos populares en conocimientos científicos como pretendería la
pedagogía de la representación, sino de transformar los conocimientos populares
en conocimientos nuevos.
La voluntad de aprender. Los adultos asimilan mejor los
conocimientos, las competencias, los valores y las actitudes cuando éstas se
presentan en un contexto de aplicación a situaciones reales.
La libertad de aprender. Los adultos aprenden porque
quieren, no por obligación y son mucho más sensibles a motivaciones intrínsecas
que a motivaciones extrínsecas.
La orientación del aprendizaje. Al contrario que los niños y
adolescentes, cuyo aprendizaje está orientado en torno a un tema, los adultos
se orientan en torno a un problema o en torno a una tarea. Aprenden en
situaciones complejas y para situaciones complejas que implican interacción e
interdisciplinaridad. Lo complejo es para ellos lo interesante y lo que
realmente se encuentran en la vida. Lo que no se encuentran son los temas
aislados de laboratorio que se presentan en la escuela muchas veces
descontextualizados. En este sentido el aprendizaje adulto no es tan simple
como el escolar, necesita hacer intervenir al mismo tiempo todas las variables
que intervienen en la escuela.
Los creadores del paradigma
andragógico establecen las siguientes diferencias en los planteamientos de la
pedagogía y de la andragogía:
miércoles, 19 de octubre de 2016
1.3 Insuficiencias
Una pregunta que se
presenta intermitentemente a lo largo de la historia de la corriente
andragógica es la siguiente: ¿Son las características del aprendizaje que los teóricos de
la andragogía atribuyen a los adultos exclusivas de los adultos o también
pertenecen a los niños y a los jóvenes?
La cuestión que
subyace es la de si los planteamientos diferenciadores que se atribuye para sí
la andragogía no son en realidad comunes a cualquier aprendizaje y propios por lo
tanto para ser estudiados en una teoría del aprendizaje en general.
MODELO PEDAGÓGICO
|
MODELO ANDRAGÓGICO
|
El profesor decide con pleno derecho lo que se
aprende, cuando, cómo y si está o no asimilado por los alumnos. Los objetivos también los fija el profesor.
|
El adulto decide lo que quiere saber o lo que
le interesa saber y es libre para buscar donde, cómo, con quien y para qué
aprender.
|
Los alumnos solamente necesitan saber, para
triunfar y progresar académicamente, lo que el profesor les enseña.
|
Los adultos necesitan saber, para triunfar en
la vida, más cosas de las que el profesor les enseña.
|
Los alumnos no tienen necesidad y a veces no
quieren saber más que lo que el profesor les exige o lo que viene en el
manual.
El profesor exige a los alumnos
|
Los adultos quieren aprender más que lo que el
profesor les enseña.
Los adultos exigen al profesor.
|
El concepto del alumno es de dependiente. Su
aprendizaje depende de la enseñanza.
Su identidad social depende de su actividad
como estudiante.
|
El adulto es una persona autónoma. Su
aprendizaje depende, además de la enseñanza, de su propia experiencia, de lo
que le comunican sus compañeros, de las informaciones que recibe fuera del
marco académico. Su identidad social no depende sólo de su participación en
procesos de aprendizaje.
|
La experiencia del alumno es poco útil para el
aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a
respuestas
.La enseñanza gira en torno a “productos”
terminados.
|
La experiencia del adulto es un elemento
fundamental para construir su aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a
preguntas.
La enseñanza gira en torno a procesos a
continuar.
|
El alumno acumula aprendizajes y conocimientos
para aplicarlos posteriormente
|
El adulto pretende “aplicar” inmediatamente
los aprendizajes.
|
Los alumnos orientan su aprendizaje en torno a
un tema. Se trata de conocer cosas sobre algo concreto, definido y
simplificado. El aprendizaje se organiza lógicamente en torno a los
contenidos.
|
Los adultos orientan su aprendizaje en
torno a problemas. Se trata de aprender a resolver situaciones conflictivas y
complejas. El
aprendizaje se organiza en torno
a problemas.
|
El alumno radica sus motivaciones en el
exterior: notas, presiones familiares, simpatía o antipatía del profesor, a
veces hasta castigos o premios ...
|
El adulto radica sus motivaciones en el
interior de una situación en la que se encuentra: solucionar un problema
personal o social, aprender a moverse en una situación compleja, dar sentido
a la vida ...
|
Ante esta problemática ya conocida por Knowles,
éste matiza el uso y el significado del término andragogía cuando dice:
Estas definiciones no implican que haya que enseñar a los
niños pedagógicos y a los adultos andragógicamente. Ambos términos sólo
distinguen entre dos conjuntos de supuestos acerca de los estudiantes; el
profesor que adopte uno de esos grupos de supuestos enseñará pedagógicamente,
ya sea que trabaje con niños o con adultos, y el que adopte el otro grupo lo
hará andragógicamente, sean sus alumnos adultos o niños (Knowles,
1982: 21).
Algunos educadores de adultos no parecen haber situado las
características propias del aprendizaje adulto en
un marco teórico general del aprendizaje, produciéndose
una diferenciación y distancia indebida entre determinadas características
de aprendizaje infantil
y el aprendizaje de
las personas adultas. A nuestro juicio, y como ya insinuaba Knowles,
muchas de las características que los andragogos atribuyen exclusivamente
al aprendizaje adulto
son desde el punto de vista teórico, ético y epistemológico, injustificables.
Veamos esto despacio.
Epistemológicamente los andragogos
llegan a la conclusión, a partir de la observación de procesos de aprendizaje con
personas adultas, de que el aprendizaje adulto
se caracteriza por su participación activa en el aprendizaje, su
voluntad de aprender, su necesidad de saber, etc. Pero, nos podemos preguntar,
¿es que estas mismas características no se pueden observar en los procesos
de aprendizaje de niños y
adolescentes? Si analizamos las investigaciones de Piaget, Bruner y Ausubel sobre
el aprendizaje, por citar
solamente los más conocidos en la psicología del aprendizaje infantil,
nos daremos cuenta de que la mayor parte de las características que el discurso
andragógico reserva a los adultos juegan un rol fundamental en el aprendizaje de
los niños y adolescentes.
Las investigaciones de la escuela de Piaget sobre
el conflicto socio cognitivo ponen en evidencia la importancia de las
interacciones sociales en el proceso de aprendizaje de
los niños y adolescentes. Es verdad que la trayectoria personal y social de los
adultos tienen una importancia capital en su proceso de aprendizaje,
pero esta importancia no lo es menos en los niños. Desde este punto de vista
podemos afirmar, sin necesidad de detenernos en el estudio de las teorías
del aprendizaje en
general, que pretender atribuir solamente a los adultos algunas características
del aprendizaje general,
como las citadas por los andragogos, puede resultar hoy poco menos
que ridículo, al dar por supuesto implícitamente el desconocimiento de
los últimos estudios sobre el aprendizaje general.
No podemos seguir afirmando
alegremente que los adultos aprenden activamente y los niños no, que los
adultos están interesados en el aprendizaje pero los niños no, que los adultos
intervienen en la construcción significativa del aprendizaje y los niños no...
y así sucesivamente. Afirmaciones de este tipo pueden ser un síntoma de
fijación en los esquemas más arcaicos de la psicología precientífica sobre la
infancia.
Tampoco, desde el punto de vista
ético, podemos hacer estos planteamientos de enfrentamiento entre pedagogía y
andragogía. Atribuir en principio las características positivas del aprendizaje
a los adultos y las negativas a los niños es éticamente incorrecto. No podemos
mantener un concepto tan negativo de la infancia que pueda servir para
justificar la aplicación a los niños de determinados procesos de aprendizaje
autoritarios e insignificativos, en los que ellos no tengan participación y
cuyos aprendizajes no les sean personalmente ni significativos ni interesantes.
Un concepto negativo de la
infancia y un conocimiento precientífico de su proceso de aprendizaje, podría
conducirnos a legitimar en las prácticas docentes infantiles algo que
paradójicamente no lo sería en los procesos adultos, como si todas las
personas, independientemente de su edad, no merecieran la misma dignidad en los
procesos de aprendizaje. Lo cual sería, además de peligroso, muy discutible
desde el punto de vista de los planteamientos éticos.
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