Una pregunta que se
presenta intermitentemente a lo largo de la historia de la corriente
andragógica es la siguiente: ¿Son las características del aprendizaje que los teóricos de
la andragogía atribuyen a los adultos exclusivas de los adultos o también
pertenecen a los niños y a los jóvenes?
La cuestión que
subyace es la de si los planteamientos diferenciadores que se atribuye para sí
la andragogía no son en realidad comunes a cualquier aprendizaje y propios por lo
tanto para ser estudiados en una teoría del aprendizaje en general.
MODELO PEDAGÓGICO
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MODELO ANDRAGÓGICO
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El profesor decide con pleno derecho lo que se
aprende, cuando, cómo y si está o no asimilado por los alumnos. Los objetivos también los fija el profesor.
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El adulto decide lo que quiere saber o lo que
le interesa saber y es libre para buscar donde, cómo, con quien y para qué
aprender.
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Los alumnos solamente necesitan saber, para
triunfar y progresar académicamente, lo que el profesor les enseña.
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Los adultos necesitan saber, para triunfar en
la vida, más cosas de las que el profesor les enseña.
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Los alumnos no tienen necesidad y a veces no
quieren saber más que lo que el profesor les exige o lo que viene en el
manual.
El profesor exige a los alumnos
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Los adultos quieren aprender más que lo que el
profesor les enseña.
Los adultos exigen al profesor.
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El concepto del alumno es de dependiente. Su
aprendizaje depende de la enseñanza.
Su identidad social depende de su actividad
como estudiante.
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El adulto es una persona autónoma. Su
aprendizaje depende, además de la enseñanza, de su propia experiencia, de lo
que le comunican sus compañeros, de las informaciones que recibe fuera del
marco académico. Su identidad social no depende sólo de su participación en
procesos de aprendizaje.
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La experiencia del alumno es poco útil para el
aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a
respuestas
.La enseñanza gira en torno a “productos”
terminados.
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La experiencia del adulto es un elemento
fundamental para construir su aprendizaje.
El aprendizaje y la enseñanza giran en torno a
preguntas.
La enseñanza gira en torno a procesos a
continuar.
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El alumno acumula aprendizajes y conocimientos
para aplicarlos posteriormente
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El adulto pretende “aplicar” inmediatamente
los aprendizajes.
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Los alumnos orientan su aprendizaje en torno a
un tema. Se trata de conocer cosas sobre algo concreto, definido y
simplificado. El aprendizaje se organiza lógicamente en torno a los
contenidos.
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Los adultos orientan su aprendizaje en
torno a problemas. Se trata de aprender a resolver situaciones conflictivas y
complejas. El
aprendizaje se organiza en torno
a problemas.
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El alumno radica sus motivaciones en el
exterior: notas, presiones familiares, simpatía o antipatía del profesor, a
veces hasta castigos o premios ...
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El adulto radica sus motivaciones en el
interior de una situación en la que se encuentra: solucionar un problema
personal o social, aprender a moverse en una situación compleja, dar sentido
a la vida ...
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Ante esta problemática ya conocida por Knowles,
éste matiza el uso y el significado del término andragogía cuando dice:
Estas definiciones no implican que haya que enseñar a los
niños pedagógicos y a los adultos andragógicamente. Ambos términos sólo
distinguen entre dos conjuntos de supuestos acerca de los estudiantes; el
profesor que adopte uno de esos grupos de supuestos enseñará pedagógicamente,
ya sea que trabaje con niños o con adultos, y el que adopte el otro grupo lo
hará andragógicamente, sean sus alumnos adultos o niños (Knowles,
1982: 21).
Algunos educadores de adultos no parecen haber situado las
características propias del aprendizaje adulto en
un marco teórico general del aprendizaje, produciéndose
una diferenciación y distancia indebida entre determinadas características
de aprendizaje infantil
y el aprendizaje de
las personas adultas. A nuestro juicio, y como ya insinuaba Knowles,
muchas de las características que los andragogos atribuyen exclusivamente
al aprendizaje adulto
son desde el punto de vista teórico, ético y epistemológico, injustificables.
Veamos esto despacio.
Epistemológicamente los andragogos
llegan a la conclusión, a partir de la observación de procesos de aprendizaje con
personas adultas, de que el aprendizaje adulto
se caracteriza por su participación activa en el aprendizaje, su
voluntad de aprender, su necesidad de saber, etc. Pero, nos podemos preguntar,
¿es que estas mismas características no se pueden observar en los procesos
de aprendizaje de niños y
adolescentes? Si analizamos las investigaciones de Piaget, Bruner y Ausubel sobre
el aprendizaje, por citar
solamente los más conocidos en la psicología del aprendizaje infantil,
nos daremos cuenta de que la mayor parte de las características que el discurso
andragógico reserva a los adultos juegan un rol fundamental en el aprendizaje de
los niños y adolescentes.
Las investigaciones de la escuela de Piaget sobre
el conflicto socio cognitivo ponen en evidencia la importancia de las
interacciones sociales en el proceso de aprendizaje de
los niños y adolescentes. Es verdad que la trayectoria personal y social de los
adultos tienen una importancia capital en su proceso de aprendizaje,
pero esta importancia no lo es menos en los niños. Desde este punto de vista
podemos afirmar, sin necesidad de detenernos en el estudio de las teorías
del aprendizaje en
general, que pretender atribuir solamente a los adultos algunas características
del aprendizaje general,
como las citadas por los andragogos, puede resultar hoy poco menos
que ridículo, al dar por supuesto implícitamente el desconocimiento de
los últimos estudios sobre el aprendizaje general.
No podemos seguir afirmando
alegremente que los adultos aprenden activamente y los niños no, que los
adultos están interesados en el aprendizaje pero los niños no, que los adultos
intervienen en la construcción significativa del aprendizaje y los niños no...
y así sucesivamente. Afirmaciones de este tipo pueden ser un síntoma de
fijación en los esquemas más arcaicos de la psicología precientífica sobre la
infancia.
Tampoco, desde el punto de vista
ético, podemos hacer estos planteamientos de enfrentamiento entre pedagogía y
andragogía. Atribuir en principio las características positivas del aprendizaje
a los adultos y las negativas a los niños es éticamente incorrecto. No podemos
mantener un concepto tan negativo de la infancia que pueda servir para
justificar la aplicación a los niños de determinados procesos de aprendizaje
autoritarios e insignificativos, en los que ellos no tengan participación y
cuyos aprendizajes no les sean personalmente ni significativos ni interesantes.
Un concepto negativo de la
infancia y un conocimiento precientífico de su proceso de aprendizaje, podría
conducirnos a legitimar en las prácticas docentes infantiles algo que
paradójicamente no lo sería en los procesos adultos, como si todas las
personas, independientemente de su edad, no merecieran la misma dignidad en los
procesos de aprendizaje. Lo cual sería, además de peligroso, muy discutible
desde el punto de vista de los planteamientos éticos.
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